Gas y petróleo de esquisto en Argentina

El territorio del sur de la Argentina es rico en hidrocarburos tradicionales y no convencionales. Las formaciones Vaca Muerta y Los Molles en la Cuenca de Neuquén han sido catalogadas como una de las más grandes reservas de esquisto a nivel mundial.

En los últimos años Argentina ha pasado de ser un país exportador de hidrocarburos a un importador neto. Su producción bajó de más de 900.000 barriles por día en 1998 a 700.000 en 2013. Debido a esto y buscando ser energéticamente independientes nuevamente, el gobierno Argentino ya se encuentra explotando las reservas de esquisto del sur del país.

YPF, propiedad del gobierno Argentino, junto a Chevron, el gigante petrolero estadounidense, firmaron un convenio en 2013 para explotar 2.000 hectáreas en la Cuenca de Neuquén.

La preocupación de la población es grande, debido a las consecuencias tanto ambientales como sociales que vienen asociadas con la explotación de hidrocarburos de esquisto.

La comunidad mapuche Campo Maripe se encuentra en una disputa legal por el uso de sus tierras ancestrales. De acuerdo al gobierno Argentino, las tierras estaban a nombre de éste por lo que no había ningún inconveniente en usarlas. En los terrenos en disputa ya se han excavado más de 160 pozos, algunos de los cuales han explotado y otros han experimentado derrames.

En Estados Unidos, país en el cual el fracking o fractura hidráulica se ha practicado por más tiempo, ya existen reportes de contaminación de napas de aguas subterráneas y superficiales, además de un incremento de temblores, pérdida y contaminación de suelo agrícola y contaminación ambiental.

En una época en la que debemos intentar disminuir la fuerza del cambio climático, la extracción de hidrocarburos apunta en la dirección equivocada. Mientras más gases de efecto invernadero liberemos a la atmósfera, más riesgo corremos de continuar elevando la temperatura global.

Existen otras tecnologías más sustentables para generar energía, como la solar y eólica; que contaminan menos y tienen el potencial de ser usadas a menor escala, pudiendo a la vez distribuir de manera equitativa los ingresos y dar poder y soberanía a las comunidades para que tomen sus propias decisiones.

Imagen Simon Fraser University

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