Un viaje personal: mi búsqueda por parte de mis raíces (IV Parte)

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Quise aprender algo de mapudungun porque tenía la esperanza que, al conocer a los papás de mi pololo, los sorprendería. Al final, nunca los conocí, pero sí me sorprendí yo.

Había aprendido inglés, algo de francés, un poco de latín. Me gustaba pensar que era una especie de lingüista amateur. Era capaz de entender la estructura subyacente, la gramática de estos idiomas, incluso teniendo en cuenta que el latín es un poco distinto.

Pero cuando empecé a aprende mapudungun me di cuenta que era algo distinto. ¡El idioma era tan extraño! Y con eso me di cuenta. Éste era el idioma que no era extranjero. Eso, y el hecho que era realmente un desafío, fueron mi motivación inicial para aprender.

Tuve mucha suerte, porque había un grupo mapuche cerca de donde vivía, así que les pregunté si podía asistir a sus clases. Aceptaron y conocí a mi kimelfe: Carlos Huencho. La primera vez que lo vi, pensé que la clase sería muy aburrida. Se veía viejo, se movía lento y la clase nunca empezaba. Pero cuando comenzó a hablar, escuché una voz de una tranquilidad profunda, de un tremendo conocimiento. Nos hicimos amigos rápidamente, y también con todo el grupo. Me sentía en un lugar en el que pertenecía.

Nuestro profesor nos enseñó muchas más cosas que solamente el idioma. Me di cuenta del vacío de ciertos conceptos, como cosmovisión. Sí, los mapuche tienen una mirada del mundo, mitos, historias. Pero no podemos ver estas historias desde lejos. Un profesor de ciencias sociales sí, pero yo no. No puedo hablar de una mirada del mundo, debo vivir en él.

Apéndice a 4: un extracto de mi diario

Leyendo esto, recordé algo que dijo el Kimelfe, más bien metafóricamente, pero que puede ser leído en otro sentido: vivimos en una kura mawida, un bosque de piedras. Finalmente —pensaba ahora— esa es mi naturaleza, mi tuwün. De aquí vengo.

Pero también es cierto que extraño algo, echo de menos algo y necesito algo desconocido que me llama, me convoca, de una forma muy poderosa. No lo escucho, a veces conscientemente, a veces inconscientemente, y me siento enfermo, con el vacío existencial que siempre he sentido. Sigo el llamado y me siento pleno.

Kimün ñi dewmayal. Sé lo que debo hacer.

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