Conversaciones mentales con amigos que están lejos I

Es temprano en Santiago y tú en Wuhan aún debes estar resolviendo imperativos de la ONG.

Las flores reparan la ciudad y se siente un viento alegre en las calles paralelas a las grandes avenidas. No hay almas solitarias de conglomerados chatos que se amalgamen a los rincones de un tren subterráneo.

Camino, y eso me ayuda.

Extiendo mi caminata por los verdores cosmopolitas, para menguar el dolor del asfalto. Una vez en las vías exclusivas que reinan las urbes, el paso se acelera, y la motivación, para llegar por un café y un escritorio repleto de tareas, incrementa como la espuma hirviendo en la lechera.

Extraño nuestras conversaciones honestas, con metáforas en este Chinglish (Chino-Chileno-Inglés) que tanto nos da risa. Nuestra preocupación por el planeta de una manera original y a veces obscura es algo que añoro. Acá mucha gente habla de política, pero no se dan el tiempo de pensar en un mundo mejor desde la planificación, la empatía y conservación.

¿Será difícil pensar de esa forma, o simplemente ya no se enseña a cultivar las ideas de esta manera y todo va en la acción inmediata e intensiva? Acción por acción genera complicación tantas veces.

¿Cómo va la meditación? ¿Sigues pensando en una vida de monje alejada de la burocracia o de la escritura de artículos político-científicos y la planificación urbana?

Tengo tantas preguntas y no estás aquí para conversar.

Desconecto ideas conectando patrones en las ramas de los árboles que ya han perdido flores pero ganado follaje. Hay un verde intenso logrando emerger del cemento. Atrás está mi computador que seguramente se llena de notificaciones de artículos por corregir, revisar y por sobre todo, textos que claman paciencia.

¿Sigues vegetariana? El otro día recordé momentos de mi niñez con sabor agridulce.

¿Sigues con tus padres? ¿Están bien?

He pensado mucho en visitar tus tierras en los meses futuros, quizá dentro de un plazo de 16 meses. Intento no pensar en 24, asimilar un año en horas, apabulla esperanzas. No logro comprender cómo, pero se hace monótono aceptar medidas que se dividen en los mismos segmentos.

¿Recuerdas cuando había que transformar distintos tipos de grados? O cuando convertir las horas de un reloj a fracciones de Pi.

Intento meditar todos los días, micro momentos de paz.

Tengo que escribir esto en inglés y enviártelo. Y pegar fotos, muchas, de esas de pensamientos y de aventuras que han ocurrido pero pasan en la tarjeta porque el tiempo no da para editar y eso a veces me enfurece, conmigo.

1024, 60, 34, 360, 124, 256, 3×4.

Números, qué simples son cuando no hay referentes.
Imágenes, upside down the hill.

2 Comments

  1. Thomas King

    Gracias por haber compartido tu cuenta del corazon. Estoy muy conmovido por las palabras profoundas que escribes y la preciosa perla que es la amistad. Pienso de menudo sobre una carinosa Chilena con un espiritu de aventura tambien. Una margarita en un campo con otros flores fantasticos todo atraido por sus colores vivos y su magica natural. Una increible Super Mujer con suenos sublimes para salvar el mundo tratando de convencerme con su Chiwi (Castellano Kiwi) sabiduria. Ella no me ve y tenemos poquitos oportunidades para comunicarnos pero ella tiene un fidel amiga para siempre. Un tonto Kiwi chiquito que rezo que cada segundo de su vida esta llena de alegria y repletos de recorditos inolvidables. Que tengamos la suerte y el coraje para estar en las tierras donde estas estrellas brillan, querida Jespa Girasol 🙂

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  2. jecka

    Querido Tom, los verdaderos amigos siempre están conectados, a la distancia o en la cercanía inmediata. Hay que disfrutarlos y saber cuidarlos también 😀
    Un abrazote!

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